Las alianzas multisectoriales como herramienta para la gestión del riesgo y el fortalecimiento de la resiliencia

Beverly Hernández Castro

Doctora en Ciencias de la Administración, Máster en Administración de Proyectos, Postgrado en Derecho Tributario. Con formación en políticas públicas para el Desarrollo Sostenible del Sector Agroalimentario de la FAO. Consultora del Instituto Interamericano para la Cooperación de la Agricultura, Docente de la Maestría en Ordenamiento Territorial y la Maestría en Gestión del Riesgo de la Universidad Ducens.

Introducción

En muchas ocasiones hemos escuchado que el ideograma en chino para la palabra crisis está compuesto por dos caracteres que son el riesgo y la oportunidad. Sin embargo, para algunos lingüísticos, esta descripción obedece a una interpretación muy optimista, con el afán de convocar a la acción.


El vocablo crisis deriva del verbo griegokrino”, que significa separar o decidir, cuyo origen nace en la agricultura, con relación al proceso de separar el grano de trigo de la paja.  Si lo traemos a nuestros tiempos, está más relacionado con un punto crucial, en otras palabras, un momento de toma de decisiones. Teniendo en cuenta que, dependiendo de cuan asertivas y oportunas sean las decisiones para afrontar la situación, podemos incrementar los efectos de la crisis ocasionando otros riesgos y o daños, o bien, generando condiciones para la recuperación de los daños, evitar la exposición a otros riesgos, recuperar nuestros medios de vida y fortalecer la resiliencia.


“lo valioso de la interpretación de estos vocablos es comprender el contexto”

Pero más allá de la lingüística y la etimología, lo valioso de la interpretación de estos vocablos es comprender el contexto de dónde surge para hacer una adaptación del término crisis en un contexto complejo, en un entorno dinámico, con el propósito de transformar la condición de víctima de las personas y de las organizaciones, a una condición de actores protagónicos con una capacidad de gestión y una responsabilidad por asumir en su propio escenario cotidiano que, en alianza con otros actores puede ser de mayor alcance e impacto que un único esfuerzo individual.


Teniendo como premisa que, la prioridad es identificar la exposición al riesgo y la vulnerabilidad para generar las estrategias para el fortalecimiento de la resiliencia. Posiblemente, no baste con la percepción de los actores locales que genuinamente conocen sus debilidades y fortalezas particulares pero que, en cuanto a las fortalezas y oportunidades puede ser de gran apoyo contar con una visión externa de pares o expertos que aporten una fresca lectura y con otras perspectivas para valorar los recursos con los que cuentan en su entorno, sus hábitos de explotación de los recursos, sus medios de vida, su economía, su organización política y su cultura, entre otros aspectos.

Posiblemente, no baste con la percepción de los actores locales que genuinamente conocen sus debilidades y fortalezas particulares”


Una nueva y fresca lectura del entorno facilita la interpretación de la exposición y vulnerabilidad de un espacio específico, permite la objetiva evaluación del estado de los recursos con los que se cuenta para afrontar la adversidad y, hace aflorar con mayor claridad las necesidades que deben ser cubiertas y las competencias a desarrollar para la gestión integral del riesgo. Parte del desafío es comprender que el riesgo es un aliado que nos impulsa una nueva cultura, una motivación para la innovación, la administración de la incertidumbre y el desarrollo económico sostenible de los medios de vida.

Para optar por una cultura de fortalecimiento de la resiliencia, las alianzas entre actores se tornan fundamentales a la hora de optimizar los recursos y multiplicar resultados, en todas las escalas. Para lograrlo tenemos como referencia los lineamientos supranacionales como los acuerdos globales para el desarrollo sostenible, cuyo propósito es apoyar de forma multisectorial los objetivos que han sido priorizados por las naciones y contribuir con el cumplimiento de sus metas. El desafío por supuesto está en lograr contextualizar los objetivos y metas, para aplicarlos al entorno y escala de nuestro ámbito de influencia.


De esta forma, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres, firmado en Japón en marzo del 2015, luego de la valoración de avances del Marco de Hyogo que tenía como sus cinco prioridades:  1) Velar por que la reducción de los riesgos de desastre constituya una prioridad nacional y local dotada de una sólida base institucional de aplicación.  2) Identificar, evaluar y vigilar los riesgos de desastre y potenciar la alerta temprana.  3) Utilizar los conocimientos, las innovaciones y la educación para crear una cultura de seguridad y de resiliencia a todo nivel. 4) Reducir los factores de riesgo subyacentes.  5) Fortalecer la preparación para casos de desastre a fin de asegurar una respuesta eficaz a todo nivel. No es difícil comprender, que hay prioridades que siguen vigentes, convirtiéndose en el principal desafío luego de 13 años de Hyogo, crear una cultura de seguridad y de resiliencia a todo nivel. En la actualidad con el Marco de Sendai y, arrastrando temas pendientes de Hyogo, las cuatro prioridades acordadas globalmente son: 1) comprender el riesgo de desastres; 2) fortalecer la gobernanza del riesgo de desastres para una mejor gestión; 3) invertir en la reducción de riesgo de desastres para una mayor resiliencia; y 4) aumentar la preparación frente a desastres para responder mejor a ellos y para una mejor recuperación, rehabilitación y reconstrucción.

“tenemos como norte la urgente tarea de generar alianzas”


Reconociendo la base científica de este acuerdo global, tenemos como norte la urgente tarea de generar alianzas para contar con los recursos financieros, tecnológicos, de infraestructura, buenas prácticas y metodologías y, el talento humano para la sinergia necesaria para la implementación de acciones en la escala local.

La constitución de grupos de trabajo con perfiles multidisciplinarios para un trabajo en equipo transdisciplinario es esencial para comprender la complejidad de la gestión integral del riesgo y los elementos necesarios para el fortalecimiento de la resiliencia de forma multidimensional y en las escalas correspondientes.

“un trabajo en equipo transdisciplinario es esencial para comprender la complejidad de la gestión integral del riesgo”


La premura en la implementación de planes de acción local, nos hace aumentar el lente en los agentes de cambio, constituidos por las personas de la sociedad civil, líderes comunitarios, voluntarios, organizaciones de toda índole, investigadores, científicos y todo el potencial de recursos que ofrece el sector académico, emprendedores, empresas, instituciones financieras, gobiernos nacionales y gobierno local, más el apoyo de la cooperación internacional, es decir, todos los actores que conforman el tejido social, que además, no es estático y por tanto es un tejido vivo que debe ser fortalecido.

En este mismo sentir, el otro Acuerdo Global firmado en el 2015, la Agenda 2030 para transformar nuestro mundo y no dejar a nadie atrás, la cual enfatiza en las alianzas público-privadas en su Objetivo de Desarrollo Sostenible 17 como estrategia para lograr estas ambiciosas metas que cita esta agenda, de la cual se derivan como prioridades, la inseguridad alimentaria y nutricional, la acción urgente frente a las causas y consecuencias ante el Cambio Climático y la Variabilidad Climática, ciudades y comunidades resilientes con equidad de oportunidades para todas las personas con acceso a la educación, el fomento  del desarrollo económico con un aprovechamiento responsable de los recursos tanto en los ecosistemas terrestres como marinos, con una fuerte invitación hacia la innovación y una demanda por la transparencia en la gestión de las instituciones públicas para la justicia y la paz.


De esta manera, volvemos al concepto griego de crisis como un punto crítico, un momento para la toma de decisiones, decisiones que a la luz de una interpretación optimista del ideograma chino crisis, nos corresponde comprender como oportunidad de mejora en nuestra administración de recursos para proteger nuestra vida y nuestros medios de vida, atendiendo los multifactores del riesgo, su implicación multidimensional y la necesidad de atender la oportunidad para fortalecer la resiliencia de forma multisectorial. En conclusión, si queremos resultados diferentes, debemos hacer las cosas diferentes, tejer una fuerte alianza que involucre responsables y acciones concretas de todos, conscientes de que los daños, así como las pérdidas nos afectan a todos aún y cuando sea en distinta proporción, pero, sin excepción. La gestión integral del riesgo es responsabilidad de cada persona y, con la acción proactiva se afecta directamente el nivel de resiliencia individual y colectiva.


“La gestión integral del riesgo es responsabilidad de cada persona y, con la acción proactiva se afecta directamente el nivel de resiliencia individual y colectiva”

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