Innovación: infraestructuras resilientes e industrias sostenibles.

Beverly Hernández Castro

Doctora en Ciencias de la Administración, Máster en Administración de Proyectos, Postgrado en Derecho Tributario. Con formación en políticas públicas para el Desarrollo Sostenible del Sector Agroalimentario de la FAO. Consultora del Instituto Interamericano para la Cooperación de la Agricultura, Docente de la Maestría en Ordenamiento Territorial y la Maestría en Gestión del Riesgo de la Universidad Ducens.


De acuerdo con el Banco de Desarrollo de América Latina CAF, el 80% de la población en América Latina está concentrada en las ciudades. En el caso de la ciudad de México, es actualmente la quinta mega-urbe en el mundo, con una demanda diaria de recursos que desafían la sostenibilidad.

Por supuesto, la infraestructura y la industria son ejes de desarrollo en los asentamientos urbanos, pero son medulares en las ciudades. Tomando en cuenta que, el desarrollo ha estado basado en la generación y consumo de combustibles fósiles, el cambio de uso de suelos, procesos industriales, agricultura extensiva, entre otros, como los servicios profesionales, financieros y de entretenimiento que, requieren las tecnologías de la información y comunicación, toda vez demandan de más recursos energéticos para transferir y almacenar grandes paquetes de datos, en la cantidad y velocidad que requiere el mundo de hoy.

Lo descrito anteriormente, ya era un modelo económico difícil de ajustar antes de la pandemia del Covid19, que además de la perdida de tantas vidas, generó una parálisis simultánea de operaciones internacionales y domésticas, con una depresión económica que nos obliga sin duda, a aplicar nuevos paradigmas y modelos que nos permitan redefinir nuestra ruta hacia la restauración económica y el desarrollo.

Desde hace muchos años, se ha pronosticado que los efectos del cambio climático, tendrían como consecuencia el aumento de vectores que afectarían la salud de las personas, principalmente poblaciones de riesgo y, que su impacto se sufriría de mayor manera en las ciudades, no únicamente por la densidad demográfica, sino por las condiciones del aire, suelo y agua, así como, los hábitos de vida, alimentación y cultura urbana.

Adicionalmente, los efectos del cambio climático, repercuten en un incremento en cantidad e intensidad de fenómenos naturales, que pueden comprometer el funcionamiento de la infraestructura y las operaciones de la industria, con natural repercusión en los ecosistemas terrestres y marítimos, pérdidas económicas, disminución o suspensión de empleos, y por supuesto el riesgo a la pérdida irreparable de vidas humanas y sus medios de vida.

Ante un contexto de alta complejidad, por cuanto la crisis en la salud pública se suma a una crisis ambiental, la coyuntura que aún está en desarrollo se convierte en un reto de mayores dimensiones, aún nos falta información para concluir sobre todos sus posibles daños, pérdidas y cambios sociales, por lo que bien hacemos con estudiar la necesidad de abrazar un nuevo paradigma para lograr esta vez, el desarrollo sostenible.

En el acuerdo global Agenda 2030 de la ONU (2015) constituido por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible para transformar nuestro mundo bajo el lema: No dejar a nadie atrás, promueve una ruta de 15 años donde todas las capas de la sociedad tenemos objetivos y metas comunes para el desarrollo de nuestros países, conocidos como los ODS. El ODS 9, reza: Construir infraestructuras resilientes, promover la industrialización inclusiva y sostenible y fomentar la innovación.

Con base en el ODS 9, nos queda claro que tenemos muchos desafíos para transformar nuestro mundo, es decir, no podemos continuar haciendo las cosas de la misma manera. Por lo que, la movilidad urbana, la matriz energética, la presión sobre el uso del recurso hídrico, la contaminación del aire y la generación de residuos, son aspectos que aportan al análisis de los ecosistemas urbanos, deben transformarse a buenas prácticas del uso de los recursos en la industria y la infraestructura.

Ahora nos detendremos en la primera meta del ODS 9: Desarrollar infraestructuras fiables, sostenibles, resilientes y de calidad, incluidas infraestructuras regionales y transfronterizas, para apoyar el desarrollo económico y el bienestar humano, con especial hincapié en el acceso equitativo y asequible para todas y todos.

Para adaptarnos a un nuevo mundo y reinventar las operaciones empresariales y las relaciones humanas, será necesario poner en práctica la innovación, además de la perspectiva comúnmente relacionada a este término, como lo es la innovación tecnológica, en esta ocasión, para lograr restaurar el ecosistema y el tejido social, en especial el urbano que tratamos en este artículo, la innovación debe ser social.

La innovación social, permitirá articular alianzas estratégicas entre todos los actores del ecosistema donde opere cada industria, y donde se requiera infraestructura. Esta innovación para poder reunir los capitales, tecnologías, conocimientos, metodologías, buenas prácticas, talento humano necesario para que de forma transdisciplinaria, multidimensional e intersectorial se pueda cumplir con la meta 2 del ODS 9: Promover una industrialización inclusiva y sostenible y, a más tardar en 2030, aumentar de manera significativa la contribución de la industria al empleo y al producto interno bruto, de acuerdo con las circunstancias nacionales y, duplicar esa contribución en los países menos adelantados.

Sin embargo, los efectos en la salud física, mental y económica de las personas y la continuidad de los negocios en las empresas está hoy comprometida, la activación de la industria y el fortalecimiento de la actual infraestructura, así como la construcción de una nueva, debe estar orientada en el corto plazo a la generación de empleo, emprendimientos, alianzas para atender las necesidades de los grupos más vulnerables como las personas con discapacidad, personas con diversidad neurológica, población migrante, personas en condición de pobreza, agredidas y discriminadas, solo por citar algunos de los grupos que requieren una infraestructura inclusiva y un desarrollo de la industria con innovación social para el bienestar integral de las personas.

La empresa cómo músculo que dinamiza la sociedad desde el desarrollo en las comunidades y ciudades, tiene un gran llamado a liderar la innovación social buscando la escalabilidad y replicabilidad de modelos para afrontar los nuevos desafíos con una nueva cultura. La resiliencia y la sostenibilidad se fortalecen en la medida que cada elemento del ecosistema entra en sinergia con los otros que, son finalmente, una extensión de su propio tejido, teniendo siempre en mente: No dejar a nadie atrás.

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